jazz-madrid_222x222EL JAZZ DE LA DIVERSIDAD

Si el jazz, en su acepción más exigente, gana terreno entre nosotros, se debe en buena medida a la labor perseverante de iniciativas como la de esta que, desde el pasado año, tiene sede estable en Conde Duque. En la presente edición, la diversidad estética es protagonista no excluyente en un programa que arranca con un concierto de música aventurera a cargo del grupo del bajista y cantante camerunés Richard Bona, y concluye, finalizando el mes de noviembre, con el estreno del crooner británico Anthony Strong que presenta su reciente disco “On a clear day”.

Una secuela de aquel atractivo proyecto denominado Scolohofo, protagonizada por John Scofield y Joe Lovano; el rescate de algunos nombres que son ya historia en el género, y un pormenorizado repaso a algunas de las propuestas más novedosas del jazz que, ahora mismo, se elabora en Europa y Estados Unidos, constituyen otra pequeña muestra de los numerosos atractivos que reserva al aficionado este ciclo de conciertos, cuyo desarrollo, como ya es habitual, complementa un programa de actividades paralelas relacionadas con la interacción producida entre el jazz y otras estéticas, como las del cine y la televisión.

La voz humana, que –a través de los blues, las canciones de trabajo y los espirituales- llegó al género afroamericano mucho antes de que éste fuese bautizado con el nombre de jazz, tendrá también su apartado específico. Queda al cuidado, entre otros, del elegante Kurt Elling y del versátil Pedro Ruy Blas, dos vocalistas de diferente talante e intención, cuya fluidez de argumentos sigue abriendo fecundos caminos al jazz vocal. Y lo mismo puede decirse del ya mencionado Anthony Strong, que dobla en el piano al modo que lo hace su paisano y colega Jamie Cullum. En esta ocasión -y no puede decirse que no sea premeditado-, son los hombres quienes velan por el desarrollo de este apartado de voces, un capítulo habitualmente habitado por mujeres, pues a ellas el cartel les reserva un espacio privilegiado ante el piano, el contrabajo, la percusión, la guitarra y hasta la densidad instrumental de una orquesta.

Este último es el caso de la asombrosa Maria Schneider que, entregada a lo anchuroso del fraseo que consigue con sus exquisitos arreglos, abandonada a la maestría de los instrumentistas de su orquesta, presenta disco en esta cita. La guitarra, como recurso expresivo, tiene en la libreimprovisadora Mary Halvorson, componente del cuarteto de Marc Ribot, una valedora de mucho fundamento, mientras que el piano lo interpreta espléndidamente la veterana Rita Martotulli. Y, convirtiendo el compás en una explosión de júbilo e inteligencia, las percusiones -en el seno del grupo de la última- están a cargo de Marilyn Mazur, veterana aliada en las últimas bandas de Miles Davis. Y todavía hay cabida para la inventiva de la también baterista Lucía Martínez, acompañando al libreimprovisador Agustí Fernández, y para la contrabajista Esperanza Spalding, siempre dispuesta a hacer muy variados los rumbos por los que puede caminar. En este paso suyo por JAZZMADRID, la escucharemos haciendo puesta de largo para su disco más reciente, “Emily’s D+Evolution”.

En cualquier caso, estas grandes citas encuentran justificación en la medida que su cartel incluye creadores en vías de consolidación, que, de otro modo, difícilmente, podrían acceder a los circuitos. Por ello, varias formaciones procedentes de certámenes de valores jóvenes, así como de conservatorios y escuelas –Big Band Música CreativaClub Reserva 1925 Jazz Band y, finalmente, la Amaniel Big Band-, vuelven a encontrar acomodo en un programa, cuya geografía de espacios se ve de nuevo ampliada gracias a la colaboración que presta la asociación La Noche en Vivo. La idea es tan sencilla como efectiva; consiste únicamente en aunar esfuerzos, trayendo hasta la programación lo mejor de cada sala, de cada club, en Madrid.

No podía faltar en un encuentro que también se proclama de estricta modernidad, la apuesta por el jazz avanzado y, por ello, están convocados nombres como los del clarinetista-saxofonista Louis Sclavis; el trío del pianista polaco Marcin Wasilewski; el ya mencionado guitarrista Marc Ribot al frente de un cuarteto que se acompaña de una sección de cuerda; el dúo formado por la compositora y cantante Elisabetta Antonini y la arpista Marcella Carboni, y, aún, esa forma específica de penetración estética que, buscando enfoques alternativos entre el swing y la variada geografía sonora de la música del mundo, encuentra razón de ser en la música del laudista libanés Rabih Abou-Khalil y en la de los cuatro componentes del grupo estadounidense Oregon.

De actualidad inmediata también nos hablarán los temarios preparados por músicos locales como los pianistas Abe Rábade y Moisés P. Sánchez, y también los tres componentes del flamante grupo M.A.P. El primero tiene una carrera imparable, un músico de currículo y premios equivalentes a la veracidad de sus entrega. Moisés presenta en solitario los temas de su álbum “soliloquio”, y los últimos hacen estreno también de un material virgen de escuchas previas, detalle que, de algún modo, representa un plus para este concierto, teniendo en cuenta que cualquiera cosa que se les pueda ocurrir a Marcos MezquidaErnesto Aurignac y Ramón Prats, los integrantes de M.A.P., será seguro interesante y sugerente.

El blues, por su parte, que dispone en España de un público, quizás, no demasiado numeroso, pero sí muy fiel, cuenta con un espacio propio en el concierto del estadounidense Eric Bibb y el maliense Habib Koite. Ambos juglares vienen con un disco recién cocinado bajo el brazo, “Brothers in Bamako”, cuyas canciones estrenarán para nosotros. Rumba congoleña a boca de costal y música, sobre todo, de la que permite demostrar que lo que en Occidente conocemos como blues, fue, en realidad, transportado durante siglos en las bodegas de los barcos esclavistas hasta tierras americanas.

Hasta aquí, los contenidos del programa de JAZZMADRID serían suficientes para hacer fortuna. Sin embargo, todavía queda avisar del aumento de temperatura que registrará el escenario de Conde Duque con los conciertos de un par de personajes para los que los diccionarios y enciclopedias especializadas reservan un espacio privilegiado: el pianista Abdullah Ibrahim y el guitarrista Mike Stern. Con su continua y acertada toma de decisiones durante seis décadas de actividad, Ibrahim goza de la prerrogativa de haber entrado en el territorio de las leyendas. Mike Stern, por su parte, es la clase de jazzista con tal dominio de su instrumento que añade a su música un componente muy vistoso de exhibición. A los 62 años de edad, luce maneras de rockero; casi parece -dijo Pedro Calvo una vez- un hermano pequeño de Jeff Beck.

El jazz, tras un siglo de existencia, muestra en este programa el desfile de unos artistas con ideario muy distinto y actitudes musicales muy definidas. Llega desprejuiciado, fresco, rabiosamente joven, dispuesto a mostrar un envite liberador que, desde siempre, ha personificado los principios de igualdad de derechos y paridad de oportunidades asumidos por quienes viven en una sociedad libre. Y, pensar, en otro orden de cosas, que la ciudadanía puede disfrutar a precios populares de cualquiera de estos conciertos en el marco de un festival municipal, merece sólido aplauso y sincero agradecimiento. Así se consolida un festival, que es en lo que está el equipo de JAZZMADRID.